Un café cualquiera.
Ella está en la mesa del fondo a la derecha, su preferida, frente al ventanal, con una taza vacía y su mirada perdida en un libro.
Minutos después, aparece un joven apuesto y se sienta en la silla de enfrente.
Ella baja el libro y lo mira en silencio, con curiosidad.
Él rompe el mutismo:
― Al fin nos vemos; no sabes las ganas que tenía de verte. Déjame que te invite a un café para celebrarlo.
Ella s onríe.
― Me parece que te has confundido. ― No, no me he confundido,
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