En Japón cuando algo se rompe, en concreto los objetos de cerámica, éstos son reparados con pegamento y polvo de oro. Esta técnica de arte japonés se llama Kintsugi.
Las cicatrices doradas son la prueba de la imperfección y la fragilidad, pero a la vez de la resiliencia —la capacidad de recuperarse—, dignas de ser alabadas.
Acrílicos sobre lienzo de 40x60 cm
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