Cuando el río crece
se borran sus huellas
y desaparece
la presencia de ella.
Cuando cae el sol
su imagen no veo.
Su pasión y amor
recordar no puedo.
Cuando el viento sopla
y nos da la espalda
se lleva su aroma.
No me deja nada.
Ya no la recuerdo.
Ya no pienso en ella.
Pero sí que pienso
que ni sé quién era.
José Ramón Félix de la Rosa
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