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2020-10-21
10/27/2020
Antonio Guerra Alvarez
Fue él mismo quien con el paso del tiempo desmontó los mitos que había construido en su infancia.
Al conocer aquel viajero, de inmediato pensó en lo absurdo del miedo que alguno de ellos le había provocado en su infancia.
Se detuvieron sin prisa al borde del camino donde se encontraron con la intención de conocerse y escuchar la historia de cada uno de ellos tenía que contar.
Enseguida pensó que había espacios pasados que conectaban sus mundos. Sentimientos y lugares que percibía como vividos.
Pensó que, tal vez, en otro tiempo, él mismo podría haber sido uno de aquellos viajeros, en una época en la que mientras avanzaba, huyendo de sí mismo, fue recogiendo y llevándose con él las emociones que encontraba a su paso y que, más tarde, habrían de servirle como alimento del alma en las travesías del desierto, en un tiempo en el que supo que las verdades nunca eran absolutas, y que extraerlas era un proceso de alquimia en el que los corazones se abrían para saber los unos de los otros, en un momento en el que supo que las tragedias, la mayoría de las veces, vienen solas.
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