El bardo aporreaba el laúd con tanta gracia que, incluso cuando erraba una nota, su melódica voz parecía adaptarse al fallo, arrojando como resultado una sinfonía que evocaba los lugares y momentos sobre los que versaba.
La temática de la sonata cambió cuando el bardo vio entrar por la puerta a un caballero de oscura armadura que portaba un manto negro sobre la espalda. —Una lechuza me dijo una vez —anunció el bardo sin dejar de tocar—, que los reyes no cagan y se alimentan de mies. —El estalli
All rights reserved