Quizás, Kyungsoo debió pensar dos veces en tomar ese atajo en la carretera. Si lo hubiera hecho, podría haber evitado encontrarse con la pequeña alteración de la naturaleza que ocultaba un vórtice del tiempo. Quizás, no hubiera regresado en el tiempo a un Londres del siglo XIX; a un futuro a bordo de una nave próxima a una batalla interestelar o a un futuro -no muy lejano a su presente- invadido por la tecnología y realidad virtual encontrándose con un Jongin que no supo reconocer en el Seúl del 2056.
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