Una fría prisión fue su primer hogar, el roce de una mano casi sin vida fue su primera caricia y de unos labios fríos recibió su primer beso, solo una vez fue arrullado y cobijado en su pecho. Inocente como todo recién nacido e ignorando el sacrificio que esa mujer estaba haciendo, cuando sintió la calidez de su seno se alimento guiado por su nato instinto. Y como si presintiera que sería la última vez que le viera, abrió los ojos para guardar en su fresca memoria el rostro de lo que fuera esa hermosa mujer… su madre.
Sin conocer el dolor de una madre exiliada, fue separado de ella para que pudiera vivir y ser feliz lejos del infierno al que había sido condenada. Pues si el verdugo de esa mujer se enteraba de su existencia le esperaría el mismo fin… la muerte.
Pero ya dieciocho años habían pasado y… la olvido.
Como un día lo predijeron: era hermoso, sabio y de generoso corazón. Cuando consideraron que estaba preparado le confesaron todo. Era hora de la venganza y sabían, nada le detendría. Su obstáculo, algo con lo que no contaba, para lo que no fue entrenado… el amor.
Se encontró con un país hundido en la penuria y un rey derrotado, pero soberbio y despiadado, que sin importar vendía a sus hijas al mejor postor, repitiendo así la historia… amor a cambio de dinero. Dos princesas: una dócil y sumisa. La otra fuerte y soberbia.
Pero solo una debía ser la elegida para su venganza. La más hermosa, la preferida de su padre, ella era la indicada, lo supo en cuanto la vio. Pero cuando se decidió su corazón ya había sido entregado. Sorprendido por la intensidad de ese sentimiento, dudó y se preguntó qué era lo correcto… el honor o la venganza.
¿Quién ganó?... El amor.
Esta es la segunda parte del libro: El Diario de Diana: el precio de tu amor.
Esta historia no es una novela juvenil y al igual que la primera, contiene palabras subidas de tono, escenas de sexo explicito. Y de igual manera un final inesperado.
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