Federico, un cocinero en sus 50 s, y hermano menor de dos, recibe la noticia del reciente suicidio de su hermano mayor, Julián, luego de no hablar en años. Lo único que recibe Fede en el testamento de Julián es un San Bernardo grande, peludo, viejo y hecho de papel. Para Federico, esta noticia es un golpe fuerte. Federico pasa las siguientes semanas intentando aceptar el suicidio de su hermano mayor y de la recién responsabilidad no deseada que le dejó su hermano. Luego de tener problemas con los vecinos, e interacciones no deseadas con personas extrañas, Federico decide abandonar al perro que le dejo su hermano para poder continuar con su proceso de luto y olvidar lo que sucedió en el pasado entre ellos dos.
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