Sueños de Palenque
Emil Patriksson creció en una familia de clase acomodada de Gotemburgo, pero
desde muy joven sintió que no pertenecía a ese mundo sino al de los afrodescendientes
de su ciudad. Así nos lo hace saber de su propia voz al inicio de la
película, donde nos relata las experiencias que ya en su juventud le hicieron
dudar sobre su verdadero origen; su extraño interés por las culturas africanas y
latinoamericanas, y los episodios que, posteriormente, habrían de impulsarlo a
viajar a Colombia en busca de su verdadero origen.
AL llegar a Bogotá sólo cuenta con dos pistas: una vieja nota encontrada entre
los documentos de sus padres que dice “Hermana Sara, Gutapé”; y la palabra
“Palenque”, escuchada durante una alucinación de Yagé.
En Bogotá conoce a Hanna, una joven norteamericana que lo engaña
involucrándolo en el transporte de sustancias ilegales. La policía lo arresta al
llegar a Medellín. En la comisaría, donde es encerrado hasta probar su
inocencia, Emil conoce a tres personajes que enriquecerán su visión de Colombia.
Recobrada la libertad, viaja a Guatapé. Allí encuentra el orfanato donde
sirvió la hermana Sara, pero nadie sabe de ella.
Emil viaja a San Basilio de Palenque, pueblo fundado por esclavos cimarrones
donde se intensifican los fogonazos de imágenes que asaltan su consciencia y que
él acepta como retazos de recuerdos escondidos en su memoria. Ninguna pista, sin
embargo, lo encausa en el camino hacia la verdad. A punto de marcharse, un
personaje del pueblo ata cabos y cree reconocerlo. Lo lleva ante Aidé, vidente
de gran sabiduría que acaba confirmando su identidad.
Conoce su historia: su verdadero nombre es Marcus Andersen, hijo de un
marinero danés y una mujer de Palenque. Durante una ausencia de su padre, cuando
tenía dos años, su madre murió en extrañas circunstancias y él desaparació. Su
padre, casi desquiciado, se marchó poco tiempo después sin dejar rastro.
Conocida su Verdad, ahora la búsqueda de Emil se dirige hacia su padre, a
quien ve en sueños como víctima de un gran sufrimiento a causa de la
desaparición de su familia. Se entera que detrás de toda esa tragedia hay magia
negra, transmitida desde los tiempos de la esclavitud, que intenta mantener
alejados a los blancos europeos. Aidé le recomienda salir del pueblo y dejarse
llevar por el instinto para encontrar el camino hacia su padre.
Retomando su viaje conoce a Andrea, una joven estudiante de Antropología que
lo convence para ir a la Sierra Nevada de Santa Marta. Allí, un mamo de la etnia
arhuaca le dará más pistas sobre su búsqueda.
En Cartagena, Emil encuentra a la hermana Sara, quien le confirma su historia
y le revela que su padre, al borde de la locura, se marchó a Suecia luego de
enterarse que a su hijo lo había adoptado una familia de ese país.
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