Soneto II Si supieses la angustia que lleva cada verso, que arranca de mi pecho toda la rabia presa, confesada presencia, que tan sólo regresa y atrapa sentimientos guardados del reverso.
Mientras recito al viento, descubro el universo, mis ojos se desbordan como toda represa que no soporta más, la calma no progresa, sólo un fértil y raudo alboroto perverso.
Volcaré sutil voz en el asfalto frío, al sol colgaré lágrimas que desgastan y sobran, devolveré punzadas con la frente muy alta.
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