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AMDERPOLUZ
06/21/2025
Rocío Jazmin Acosta Lahera
(Nacimiento de la criatura que habitaba en el pecho de la Dauma)
un ave sagrada
Mientras dormía,
en la más honda soledad de la noche,
se escuchaba un quejido.
No venía de la boca,
ni de la garganta…
sino del centro del pecho.
Era un lamento antiguo,
dormido conmigo cada noche.
Una criatura escondida,
un ave de luz que vivía encerrada,
apretada entre costillas,
aprisionada por sombras, desamor
y por el extravío de un rumbo sin cielo.
El quejido subía, lento,
como una ola ahogada en fuego.
Y me despertaba.
Yo me despertaba con mi propio grito,
pero sin voz,
sin palabras.
Solo un eco hondo, como de ala herida.
Y una madrugada…
en medio de un sueño turbulento,
una visión oscura me estremeció.
Un silencio espeso,
una escena confusa,
una sensación de estar atrapada en un laberinto sin salida…
Entonces,
una lágrima espesa y ardiente
rodó por mi rostro dormido.
Una lágrima mezcla de sangre y fuego,
de tanto dolor reprimido,
de tanto amor sin respuesta.
Y al tocar mi pecho…
el ave despertó.
Rasgó el silencio.
Rompió la prisión.
Se abrió paso entre los huesos.
Extendió sus alas.
Ya no era un quejido.
Era un canto.
Un canto que decía adiós a la noche fría,
y le daba un beso al sol.
Así apareció Ella.
La criatura nacida del quejido.
La que se forjó en la oscuridad
para brillar en el alba.
La que transforma la herida
en himno sagrado.
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