Esta reflexión aborda la forma en que Dios se revela al ser humano a través de instrumentos humanos: los profetas. Explora cómo el mensaje divino, aunque perfecto en su origen, es transmitido mediante la conciencia, el lenguaje y la experiencia del hombre, permitiendo así su comprensión.
El texto reflexiona sobre el carácter inmutable de Dios, cuya esencia no está sujeta a emociones cambiantes, y sobre el uso del lenguaje antropológico en las Escrituras como medio pedagógico para comunicar verdades espirituales profundas. Asimismo, destaca la coexistencia armónica de los atributos divinos y la limitación humana para comprender lo infinito.
La obra invita al lector a reconocer que toda revelación divina se expresa en formas comprensibles, sin perder su origen eterno, y propone una lectura consciente, humilde y reflexiva de los textos sagrados.
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