Cuando usaba calcetines a veces, mi alba iba tiznada, y mi niña algo apenada. Pero mi fantasía me coronaba; entonces, todo era de colorines, y mi ventana se abría perfumada. A menudo reía y cantaba, y otras, parecía como desolada. Cuando no encontraba afines, o cuando no encontraba mis alas. Mi lengua sin freno conjugaba, cuentos con buenos fines, de noches con estrellas plateadas, de lunas, con sonrisa en la cara. Como mi lengua, mis ojos hablaban, también lágrimas, de vez en cuando arrojaban
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