Foto por Ashley Rose Ya no podíamos soportarnos ni un minuto más. Demasiado tiempo allí dentro, encerrados los dos, en aquel sótano infecto, pestilente...
Ella se quejaba por todo: por el aire húmedo e irrespirable, el frío o el calor, por la comida enlatada... Entonces yo le echaba en cara que sólo gracias a mí habíamos logrado sobrevivir, tras la gran explosión. Le recordaba cuántas veces se había burlado de mí, tiernamente, sí, pero sin echarme una mano, cuando a este paranoico previsor, ant
All rights reserved