«Maldigo el día en que me dejé convencer, Iannur», se repetía Autumn sin cesar.
Jamás debió haber recurrido a una inteligencia artificial para que la aconsejara en temas del corazón y mucho menos a una cuya finalidad primordial fuera la de burlarse de ella de la mañana a la noche. Si hubiera sido más inteligente, no se habría descargado la app de citas a ciegas y se habría ahorrado una cantidad inconmensurable de tiempo valioso en lugar de andar lidiando con centauros iracundos, tritones aburridos y vampiros escuchimizados. Pero, por encima de todo, no habría vuelto a encontrarse con ÉL. El innombrable. La única criatura que había sido capaz de derruir aquellos muros construidos sobre cimientos de cautela y perspicacia que tanto le costó montar. Aquel que le juró una vida de amor, pasión y magia, y que se largó con una ninfa a la primera de cambio. Aquel al que tanto le costó olvidar y, que, para su desgracia, parecía haber vuelto a su vida a trompicones y en aparentemente buena compañía.
Y no, no se refería a esa vocecilla insistente, misteriosa y casi molesta que había empezado a visitarla a diario casi al mismo tiempo, sino a la mujer más deslumbrante y estremecedora que había pisado jamás las tierras de Kramanta. Aquella que entró por la puerta de la cafetería asida del brazo de su tortuoso pasado y cuya mirada de fuego podría reducir al más poderoso de los héroes a cenizas con un simple parpadeo.
A raíz de semejante reencuentro con su pasado, Autumn deberá hacer frente no solo a sus propias inseguridades, sino a una amenaza silenciosa que se cernirá sobre ella y sobre sus seres queridos. Una caja de Pandora que fue abierta siglos atrás y cuyas consecuencias la perseguirán para seguir pasándole factura cuan gota malaya, a no ser que haga algo para evitarlo. ¿Será lo suficientemente poderosa como para conseguirlo?
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