Te miro mientras me hablas, mientras te disculpas, con el cigarrillo encendido y olvidado entre tus dedos, evitas mi mirada, soltándome todo ese montón de tonterías inventadas, esforzándote al máximo por parecer inocente. No dejo de mirarte, de intentar ponerte más incómodo si cabe, recostada en la silla, con la copa de cerveza en la mano, el ruido del música y la gente del bar, mezclándose con el sonido de tu voz. De momento, en mi cabeza, sólo suena aquella canción de Mónica Naranjo, Desátam
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