Era una noche de agosto, una más. Fiestas en no sé qué pueblo, ya llevábamos unas cuantas. Cercano, pequeño. Una más.
Llegamos a la verbena, Oh, santas verbenas de pueblo. Nos acercamos a la barra (móvil) para hacer efectivas nuestras consumiciones en las que se podía leer: cubata. Tú qué, yo un cutti shark limón. Yo un stolichnaya con naranja. Yo quiero un larioscola. “Ja,ja un larios cola eso ya no se lleva”. El camarero observaba impertérrito nuestros tejemanejes. “Bien, ya está… bla,bla,bla
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