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2021-02-02
02/04/2021
Antonio Guerra Alvarez
Cada mañana, al abrir los ojos y despertar intentaba, con todas sus fuerzas, no recordar los frutos de su mente desbordada durante la noche. Prefería los sueños a plena luz del día. Siempre había sido así.
Sin embargo, cuando logró liberarse de las ataduras que la racionalidad le imponía, por un tiempo se sintió perdida.
No tener control sobre ella misma la desorientaba, a veces sentía miedo, otras una euforia desconcertante que la abrumaba, pero pronto comprendió que tenía un alma dual y que esa era, realmente, la única realidad que la hacía posible.
Así vivía, soñando los días que habrían de venir justo en el momento en el que moría cada noche.
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