Sofía vino al mundo frente a un horizonte de sinuosas dunas, junto al mar, en Corrubedo. Creció con el sonido de las olas de fondo y un nombre marcado por la sabiduría que portaba en sus sílabas. Una sabiduría que acostumbraba a compartir con todo aquel que se sentaba con ella a tomar un café. Un café con leche, con leche y mucho mucho azúcar, en aquellos vasos de Nocilla de los años ochenta.
La juventud alcanzó a Sofía en La Coruña. Cuando las dunas quedaron atrás, le esperaba la ciudad, co
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