En principio, este manuscrito se asienta en la conmoción de los primeros días de invasión. Los tanques moviéndose en ciudades relativamente modernas, el fuego, los edificios que van cayendo, helicópteros rusos sobrevolando Kiev, la incredulidad inicial. Comencé a trabajar en el texto al día siguiente de comenzar el ataque, con más ardor angustioso que planes serios. El protagonismo de caperucita (una caperucita perruna) se debe a una simpleza: en aquellos días estaba leyendo Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite. En esta maravillosa obra, Manhattan es un mundo protagonista y ruidoso, lleno de luces, y a través de las aventuras de la niña Sarah Allen conocemos una ciudad preñada de oscuridades y secretos místicos; en Caperucita en Járkov, el camino sucede al revés: una ciudad desconocida y asediada, muy gris, cuyas maravillas e historias conocemos a través de la misión de la perrita Klaudia.
La novela se divide en 5 partes: en la primera, conocemos la historia de Klaudia y su escudera, una preciosa perra mendiga con extensos conocimientos sobre la fauna jarkovita. La misión de Klaudia, encontrar a su Amo, Alexéi Voloshin, que trabaja en la Planta de Locomotoras de Járkov; en la segunda parte nos aproximamos, precisamente, a la fábrica donde trabaja Voloshin: ahí, los trabajadores preparan la defensa contra el ejército ruso; en la tercera parte conocemos a los Cuatro Perros Rusos, que conspiran contra Ucrania e intentan arrastrar a los perros callejeros de Járkov a su cruzada (estos cuatro perros rusos son los que convencen a Klaudia, en la primera parte, para que vaya por un camino y no por el otro); en la cuarta parte nos adentramos en el mundo interior y perruno de Vladimir Putin; en la quinta, el desenlace, presenciamos la Gran Batalla de los Perros, y la reunión definitiva entre la perrita Klaudia y su Amo.
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