Quienquiera que seas el que tiene en sus manos este libro: en él no encontrarás ni filosofía, ni política ni religión, y menos erudición u oratoria. Es un rosario de recuerdos narrados tal como han llegado a la memoria de un anciano ayudado por un hada, que ha querido volver a vivir lo que vio, hizo, pensó y leyó en un período de su vida. Dónde estaba su Tierruca, cómo era su geografía, cómo eran y qué hacían sus gentes, su vivir.
Pobre tierra, pobres los que la habitaban en casas de paredes de tierra; a qué dedicaban su vida en la tierra que los mantenía, en la que por el día cantaban las cigarras y al anochecer los grillos; las fuentes manaban sus aguas que discurrían por regatos; amenazada, a veces, por el hielo, la sequía, la tormenta, que inducían a implorar a la Providencia.
Los recuerdos son de una comarca próxima a León capital La Sobarriba-, apenas conocida entonces por los propios leoneses; pero que no dudó en describir Madoz cómo eran sus veinte lugares y aldeas un siglo antes.
Quiso el autor describir también, en relatos cortos, cómo vio animales, cosas o hechos que grabaron su mente de niño y adolescente.
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