Abres los ojos, oscuridad. Intentas respirar, pero el oxígeno se ha vuelto piedra, rasgándote la garganta mientras baja a tus pulmones. Tus piernas no te responden, no eres capaz de pensar con claridad. Estiras los brazos buscando una pequeña esperanza, ¿Y qué encuentras? -Hola, ¿Me buscabas? Soy la rechazada, la marginada, nadie me quiere consigo. Soy la Nada, y seré tu fiel compañera a partir de ahora. Intentas gritar, y de tu garganta sólo sale un nombre... Su nombre: Libertad. ¡Pobre Liberta
All rights reserved