Cada día me bajaba del cercanías a las 6:47 minutos, todavía con un cielo en penumbra y unos ojos que se me pegaban. La estación en la que me apeaba era al aire libre, con lo cual lo primero que advertía al descender era un golpe de calor o de frío, dependiendo de la época del año en la que nos encontráramos. Realizar a diario la misma ruta a la misma hora para ir al trabajo, hacía que coincidiera casi siempre con las mismas caras, los mismos agobios y los mismos malhumores. Día a día se repetía
Creative Commons Attribution Non-commercial No Derivatives 3.0