Obra de arte en tres capas, enmarcada en un marco construido de una sola pieza de MDF lacado en color blanco porcelana cuyas medidas son 40,6 cm x 51,7 cm x 1,9 cm. En su conjunto se trata de una escena de delicada ternura y lirismo poético, ambientada en un bosque encantado de tonalidades verdes y turquesas que emana una luz suave y mágica. La composición narra el encuentro íntimo entre una joven de aspecto aventurero —arrodillada en el suelo, ataviada con blusa blanca, delantal de cuero con bolsillos y falda verde— y un grácil ciervo moteado de expresión serena. La muchacha extiende sus manos con reverencia, ofreciendo una única flor anaranjada como gesto de comunión con la naturaleza, mientras el animal la observa con confianza y curiosidad. El elemento más singular y poético de la obra reside en la cornamenta del ciervo, de la que brotan ramas cubiertas de flores de cerezo en plena eflorescencia, convirtiendo al animal en una encarnación viviente de la primavera y la magia del mundo natural. En los márgenes inferiores de la escena, setas de tonos azules y malvas añaden un toque de fantasía sutil al entorno. El estilo ilustrativo, de línea cuidada y cromatismo delicado, bebe de la tradición del arte de fantasía oriental y de la ilustración de cuento europeo. La obra se enmarca en un marco exterior de acabado en blanco porcelana que acompaña con discreción la calidez de la escena.
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