Esta es una historia extraña pero créanme… cierta.
Una vez dejé mi puerta sin candado y cuando hasta la luna dormía, el llegó y yo, creyendo que soñaba, no hice nada más que acomodarme. De ahí en más, cada noche el se infiltraba en mis sábanas y claro está, yo lo dejaba.
Nunca supe su nombre y es que en realidad no necesitaba saberlo, ni me importaba, tampoco su pasado… ni si tenía rango. Yo solamente me dejaba embaucar por su aroma a hiedra de campo y, a medida que se acercaba, por el calor d
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