La vida, ese libro de incontables hojas,
un compendio de capítulos, cada uno una era,
donde el alma, pluma en mano, traza y cojea,
narrando en tintas de tiempo sus alegrías, y sus congojas.
Capítulo tras capítulo, las páginas se revelan,
no como un mero relato, sino un vasto aprendizaje.
Cada uno debe cerrarse, con su propio equipaje,
y en la biblioteca del ser, pacientemente se sellan.
No es posible, no es prudente reescribir lo vivido,
cada episodio sellado es u
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