Ernesto nace con parálisis cerebral tras un parto taquicárdico y ahogado. Su infancia es feliz entre médicos, lecciones maternas y libros de la abuela. A medida que pasan los años va descubriendo los condicionantes de la discapacidad, los propios y los impuestos por el entorno. En la adolescencia aprende a maldecirse y en la universidad a odiarse. Cuando más asco siente por el ser humano conoce a Eva, el amor de su vida.
Cuatro años más tarde, en la madurez, gracias al éxito que le brinda ser investigador en un grupo de neurociencia, encuentra acomodo en un difícil equilibrio entre lo formal y un uso exacto de alcohol que ahoga sus miedos. Impulsado por un buen momento profesional y personal, intenta encajar en la sociedad por completo. Un deseo que se vuelve en su contra de forma gradual ya que nadie es quien aparenta ser. Viéndose envuelto en una trama de malversación de fondos y trapicheos varios por parte de su jefe. Aparte, en lo personal, Ernesto persigue una normalidad que, quizás, carezca de sentido para él. Torciéndose su ideario vital tanto o más que su enclenque cuerpo. Con un final brusco como la vida misma.
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