Philip disfrutaba de los suculentos canapés y de la copa de exquisito espumoso. El evento de aquella tarde había sido un éxito rotundo: la librería había estado abarrotada de gente. Entusiasmados, los fans habían acudido en tropel al acto promocional de la reedición de su trilogía de novelas de misterio más famosa, “Asesinatos a medianoche”.
Isabelle, su editora, no parecía satisfecha. En realidad, tenía motivos para no estarlo. Sumido en una aparente crisis creativa – o una falta de motivación para seguir escribiendo -, Philip llevaba más de dos años sin publicar nada nuevo.
De repente, Philip miró a la pantalla del portátil y le pareció ver algo nuevo escrito en el editor de textos.
- ¿En serio? ¿La chica muere de una manera tan absurda?
El cursor en la pantalla continuó escribiendo.
- Philip, te noto algo falto de inspiración.
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