Desaparecer era su aspiración. Evaporarse como gotas de lluvia de verano que se suicidan contra los cristales, como agua de perfume sobre piel limpia de poros abiertos.
Quería ser esencia sutil e invisible, alma volátil, pero misteriosa, agradable, pero intensa, inconquistable, pero deseada.
Quería perdurar como la historia contada de boca a boca, como la clásica sonrisa en las fotografías, como la tierna risa del bebé satisfecho antes de dormir.
Quería flotar como las pompas de jabón del
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