Tras la aplastante victoria de Israel en Maquedá y la ejecución de los cinco reyes cananeos, el ejército de Josué no se detiene. El siguiente objetivo es Libna, una ciudad fortificada cuyo rey aún confía en sus murallas y en sus dioses.
El relato describe con detalle cómo el temor se extiende por toda la región, cómo los mercaderes llevan noticias de destrucción a las demás ciudades y cómo los reyes comienzan a tramar nuevas alianzas desesperadas.
Israel, mientras tanto, se prepara espiritualmente con sacrificios y renovando el pacto ante el Arca de la Alianza, y militarmente con disciplina y organización. La caída de Libna se convierte así no solo en otra victoria militar, sino en un símbolo del avance imparable de Josué y del Dios de Israel sobre toda Canaán.
Con un cierre épico, el capítulo abre paso a la campaña contra Laquis, mostrando a un pueblo fortalecido en la fe y en la guerra.
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