Repasando sentimientos que vivían medio heridos y dolores existentes entre penas escondidos he sacado en conclusión que el diagnóstico es el mismo.
Toda enfermedad o dolencia surge de algún sufrimiento o pena mal asumida que si el alma no resuelve, se enquista y pasa factura.
Si sigue sumando el tiempo y el alma no resuelve, la enfermedad afecta al cuerpo, lo anega de sufrimiento, cronifica hasta agotar las defensas y borrar la muerte a la vida.
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