Fue en el año 1995 cuando sale a la luz esta jota de Higuera.
Su autora, Antonia Sánchez Merino, llevaba tiempo con ganas de dedicar algo especial a su querido pueblo.
Su pasión siempre fue escribir poesía de temática costumbrista y popular, pero la jota se convertiría en un nuevo reto para ella.
La letra le fluía con naturalidad, cosa que no sucedía con la música y la coreografía.
Pasó un tiempo decepcionada sin encontrar la salida a su nuevo proyecto.
Entonces una de sus hijas impulsó este sueño.
Ambas comenzaron a recopilar canciones antiguas y las mezclaron a su manera, dando una primera forma a la música.
Los pasos de la coreografía les resultaron más fáciles: Mariló tenía un don especial para ello.
Cuando ya todo estuvo hilado, un grupo de mozas cercanas a la familia junto con sus amigas, se animaron a ensayar este nuevo baile.
El coro, en principio constituido por
familiares, hijas y sobrinas, se completó con la incorporación de algunos componentes del grupo folclórico Altagracia.
En el verano de 1995 se bailó por primera vez La Jota del Tropezón en honor a la virgen Inmaculada Concepción, patrona de Higuera de la Serena.
Ni el calor sofocante de un diez de agosto en esta tierra, ni el atuendo folclórico austero y pesado, impidieron que esta jota, parida bajo un sol de justicia, despertara las raíces de un pueblo.
Agradecimientos a todas y cada una de las personas que contribuyeron a hacer realidad este proyecto tan especial para su autora.
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