Toc, toc, toc…
—Pase.
—Señor juez, una mujer pregunta por vos. Y yo me voy ya. Hasta
mañana. Acuérdese que mañana voy a visitar a mi hija.
—Sí, sí, por supuesto. Dígale que entre. Hasta mañana… Ah, doña
Carmen, qué ricos estaban los mazapanes que me compró para el café.
Tráigame una docena en lunes… Señora, pase. Siéntese, por favor.
¿Qué puedo hacer por vos? No tengo el gusto de conocerla.
—Buenas noches, juez. Soy Maya Fernández, la madre de Terecita
Fernández. Vivimos en un pueblo cercano. Vivíamos… ¿Se acuerda de
ella? Vino aquí hará un año para solicitarle unos papeles para entrar
en la mancebía del puerto.
—No sé de quién me habla, señora. Por aquí pasan muchas fulanas
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