Desde que me encontré con Keith aquel día, él no me había dejado ni a sol ni a sombra. Me acompañaba al instituto, salía de fiesta conmigo, dormía en mi mismo cuarto… ¡Y cama! Poco más, y no me dejaría intimidad ni para ir al servicio. A veces realmente sentía ganas de asesinarlo lenta y dolorosamente, pero luego me miraba con sus condenados ojos azules y… ¡Era malditamente sexy! En ocasiones desearía mandarlo a la mierda y poder pasar de él, pero, ¿cómo hacerlo, si yo era la única persona que le podía ver?
Estoy segura de que si las chicas de mi instituto pudiesen verle, estarían todas babeando por él. Incluso las lesbianas. ¡Incluso los hombres! Claro, que ellos no le conocían tanto como yo. Pasa más de diez minutos seguidos a su lado, y sabrás que pierde todo su encanto en cuanto abre la boca.
All rights reserved