Me miró… me meció con sus ojos como solo ella sabe hacerlo. Despacio, sin prisas. En ese momento no existe el tiempo. O, más bien, se hace nuestro. Solo nuestro. Se acercó sin dejar de regalarme sonrisas a cada paso, consciente de que, cuando estuviéramos uno frente al otro, ya nada sería igual. El miedo, las dudas… todo aquello que flotaba a mi alrededor cuando la vi, se convertía en nada cuanta menos distancia nos separaba. Ella lo sabía: yo también lo deseaba.
Llegó a mi lado, confirmándose
All rights reserved