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2308064990380
Por ser usted un extraño
08/06/2023
Trinidad Bustos
https://valentina-lujan.es/C/porserusted.pdf Por ser usted un extraño   Me he despertado unos minutos antes de las siete y durante un rato he pretendido ignorar que empezaba un nuevo día en el que mi comparecencia no sería, como en tantos otros, necesaria ni deseada por nadie. Pero él insistió — el día, quiero decir — y me zarandeó por los hombros y siguió desgarrando esas primeras brumas que se empecinan siempre en ocultar el azul de un cielo aún más pálido a esa hora tan temprana. Sí, ¡qué tontería!, no quería saber que permanezco viva ni, y esto es más terrible, que si Dios quiere — y me temo que alberga serias y muy aviesas intenciones de querer, porque mi salud, al menos en lo que yo sé de ella, es una de esas que suelen denominarse “de hierro” —, que si Dios quiere, decía, aún puedo vivir unos treinta años o quién sabe si más todavía a la vista de que en los tiempos que corren los viejos son cada vez más obstinados y, con sus manos sarmentosas y resecas, como garras, se aferran al acto de vivir con un afán — y un éxito, hay que reconocérselo — absolutamente prodigioso. Es curioso, siempre lo he pensado, que habiendo tan poquitas personas felices sea tan infrecuente encontrar quien tenga unas ganas sinceras y desinteresadas de morirse. Sí, sí, lo digo en serio. ¡Oh. ¡Pero claro que sí que todo el mundo conoce a algún anciano que protesta “¡yo lo que tengo ya que hacer es morirme”!, pero, ¿sabe?, lo dicen con la boca chica, nada más por impresionar a sus parientes, por mortificarlos y zaherirlos y meterles el corazón en un puño y que acudan presurosos a arremolinarse junto a él clamando, con los ojos arrasados en lágrimas: abuelo, por favor, qué cosas tienes; tú vivirás muchos años, aquí, con nosotros, que te queremos tanto. Y ese día le hacen unas natillas, lo que más le gusta, para agasajarlo, aunque con la advertencia de “pero sólo hoy, no te vaya a subir el azúcar”. Mienten. Unos y otros están haciéndose trampas y tendiéndose redes. Lo sé de buena tinta, por experiencia personal vivida en mi propia carne cuando mi anciana madre augura “pronto me moriré y te quedarás a gusto” … Sí, lo dijo por primera vez hará algo más de veinte años, a raíz de quedarse viuda, cuando muy afligida lloriqueaba quejumbrosa: si no fuera por mi hija, que me necesita, yo le pediría a Dios que me llevase con mi marido. Fui siempre lo bastante cínica para no replicar: por mí no lo hagas, de verdad, pídeselo y a ver si hay suerte y te escucha que yo ya me las arreglaré. Veinte años largos, ya digo, sin que mi madre y Dios den mínimas muestras de llegar a un acuerdo. Pero entre tanto la claridad crecía y mis ojos abiertos como platos me advertían, en el silencio podía oírlos con una nitidez cruel que me hacía retumbar los tímpanos, “ya no vas a dormirte otra vez. Haz lo que quieras”. Me levanté y subí la persiana del todo, hasta arriba. Diecisiete mil quinientos veinte. En un ramalazo de humor negro, o masoquismo, no sé muy bien, me ha asaltado la curiosidad de conocer cuántas veces habré ejecutado desde que nací gestos idénticos con idéntica sensación de angustia, de soledad, de impotencia, de fatalidad y de abandono. Diecisiete mil quinientos veinte — con margen de error, naturalmente, que nunca he sabido con exactitud la fecha y al hacer el cálculo he desestimado los bisiestos — son los días que hace, más o menos, ya digo, que me trajeron a esta casa. Era el mes de agosto del año siguiente al que yo nací. Tenía quince meses y ahora tengo… si quiere saberlo moléstese. Nunca he vivido en otra parte. En mi documento de identidad mi domicilio siempre ha sido este. Hoy es domingo, igual que eran domingo los domingos de cuando era niña y mi padre se sentaba por las mañanas en el cuarto de estar y leía, en voz alta, libros de espiritismo que mi madre escuchaba Papeles
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2308064986857
Y en el cuello
08/06/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/doc/Y%20en%20el%20cuello.pdf que, por hacerse el gracioso, hubo uno una vez — contaban que Clodoaldo Quijares, el hijo del jefe de estación — que se obstinaba en equivocarse (o simularlo, porque lo soltaba con mucha seriedad, pero era del dominio público que era muy trasto) y decir “en el culo”; y como a tanta gente le divierte todo ese tipo de alusiones a las zonas pudendas se organizaba mucho jolgorio que hacía enfadar a la señorita Nimia aunque la verdad era, según contaban también, que se le pasaba en seguida porque decía que “bueno, hay que reconocer que es saludable alguna risa de vez en cuando para relajarse un poco”, porque a veces se creaba mucha tensión y, sobre todo, cuando la tía de Honorina (la huérfana) — que tenía que ser seca, sí, como siempre y según su carácter difícil, pero en el fondo y sin renunciar a sus modales algo rudos, bondadosa — se encontraba con que por alguna razón imprevista que no había habido tiempo de notificarle “para que por lo menos me mentalizase, so idiotas” se encontraba de manos a boca con la mediana de las de Barbadillo “que sabéis y de sobra que me cae muy gorda”. Porque Vilja había recibido una educación muy esmerada y era bastante simpática, pero las Barbadillo en general y la mediana en particular, no eran, decía ella, “santas de su devoción” y perdía los nervios cuando tenía que habérselas con ella y con aquel su temperamento (el de la huérfana) que tanto la crispaba. Papeles Selección Clodoaldo Quijares
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2308054985716
Chuchi la de Ampuero
08/05/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/G/chuchiladeam.pdf En una de las aletas de la nariz Chuchi la de Ampuero lo vino contando a la caída de una tarde, que a mediodía, que la había visto cruzando la plazuela bajo la solanera, de largo, sin mirarlos a ninguno que con los ojos como platos siempre tan corta y aquellos muslos que, se veía de venir, un día antes o después tenía que terminar pasando algo. Y que si no al tiempo… – Al tiempo todo pasa, Chuchi — le contestó tan sensata la Espinosa, que le dijo a la nueva acércate y que doblase el codo, luego musitó como tres dedos, casi cuatro —, y además y a fin de cuentas y que Dios me perdone mejor cualquiera de ellos… – En eso estamos todos, pero como es tan caprichosa que no sé yo y, Carlitos — Chuchi, que le tira más el nido de abeja y hace primores —, que está muy hermoso, sí, tan grandón y con esos colores que da gusto verlo, pero… – ¡Dios no lo quiera! Y, por cambiar de tema, que si iba de vacío. Papeles Selección Chuchi la de Ampuero
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2308054985624
La chica de las botitas
08/05/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/alicia/lachicadelas.pdf Que tenía que seguir llamándola así porque ese era el único detalle que era capaz de recordar de toda su persona (ver apunte); eso y el paraguas — pero el paraguas era de esos de tipo Burberry, de cuadros que resultan todos iguales — y, pero muy vagamente, cómo daba un beso en la mejilla a aquel hombre bien plantado del traje azul. ------------- Apunte: La señora de Ramírez (padre) me reprendió — considerando yo que podría ser una buena idea para abrir un diálogo; que los diálogos dan mucho juego en las novelas — por “esa mala costumbre que usted tiene” de no hacer descripciones; porque nos podría haber ayudado mucho, según ella, conocer con un cierto detalle su estatura, y el color de sus ojos y de su pelo y de sus labios. Pero sólo es una idea de la que de momento mejor no decir nada, no sea que la pobre señora se haga la ilusión de que le voy a dar un personaje y luego se lleve un disgusto porque se me ocurre algo más interesante y resulta que no. Además, no tengo yo nada claro que me vaya a apetecer dedicar páginas y páginas a ese tipo de detalles tan superfluos. O lo mismo hasta se me olvida haber hecho estos planes, porque, con el lío de papeles que me traigo… Aunque siempre tengo la esperanza, cuando me dejo las cosas tan en el aire, de que en algún momento y abriendo archivos aquí y allá al buen tuntún a ver cómo enlazar algo con algo me encontraré con estas líneas en rojo y, entonces… Bueno, ahora sigo con lo que iba; y cuando lo pase a limpio ya quitaré esta especie de chuletilla y todo quedará en orden y en el Times New Román 14 azul oscuro que siempre utilizo. Si no es que me termino volviendo loco; que quién me mandaría a mí meterme en… Pero, bueno… Ramírez, en su buena voluntad de colaborar — siempre tendré que estarle, resulten las cosas como resulten, agradecido por cuánto me ayudó a salir de atolladeros en momentos algunos francamente complicados —, y posiblemente para que no cundiese el desánimo , apuntó con cierta viveza que, bueno, Cofee & Shops era una especie de franquicia y había muchos que podían recordar unos a otros; que si nos dábamos una vuelta encontraríamos quizás a la chica en otro… – Cariño, qué inocentón eres — replicó Sonia sin inmutarse —; los niños de ahora saben latín… – ¿No habíamos quedado en que en nuestra familia no somos gente de letras? – Si te lo vas a tomar todo tan al pie de la letra… – Tres velocidades — el crío. – Vale — Sonia, agarrándolo de la mano y echando a andar. Y nos recorrimos todos los Cofee & Shop, preguntando en cada uno dónde quedaba el más próximo; pero de la chica de las botitas — rojas, con vueltas de piel — no encontramos el menor rastro o, si lo encontramos, no lo supimos reconocer como indicio de aquella joven que tal vez hubiese cambiado mucho con el paso del tiempo porque… La señora de Ramírez — no voy a seguir especificando a cada paso que de Ramírez padre; a partir de ahora queda establecido que cada vez que escriba “señora de Ramírez” me estoy refiriendo a la madre (o suegra, claro, según se mire) — quiso, posiblemente por ganas de mortificarme volviendo a la carga de la mucha culpa que estaba teniendo de todos nuestros males el hecho de que fuera yo tan poco descriptivo, saber cuánto tiempo había trascurrido desde aquello… – Porque, vamos a ver — dijo, por tanto —, ¿tiene usted más o menos noción de si se trata de un periodo de tiempo corto o largo? – Pero, Celedonia — terció su esposo, que (pensé) bien podía haber terciado mucho antes —, corto o largo son conceptos muy ambiguos; y el tiempo relativo . Date cuenta de que un terremoto de cuarenta segundos es angustiosamente largo, mientras que un mes de vacaciones en algún lugar agradable parece muy corto. – No sé — respondió ella, en tonillo algo ácido —; como nunca he tenido la suerte de vivir unas vacaciones así… – También la has tenido — apuntó el esposo — de no vivir un terremoto. – De acuerdo — cedió doña Celedonia, de mala gana —, váyase en tal caso lo uno por lo otro y sigamos con lo que estábamos. – ¿Con qué estábamos? — Me preguntó Sonia. – Con la fisioterapeuta llorando a moco tendido — Repuse consultando la factura. Versaciones Selección Celedonia
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2308054983507
En nuestro desordenado arganear
08/05/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/E/enuesdesor.pdf en nuestro desordenado arganear por cajones y altillos y rincones, y cajas de galletas y zapatos de esas que se almacenan conteniendo junto a la corporeidad del objeto guardado el secreto insondable de un “para qué” inequívoco que el tiempo ha ido borrando sin piedad y sin ira toparon nuestros dedos con las cuentas de un rosario de nombres y de rostros desgranados, tan jóvenes que pero quién ― costaría trabajo no exclamar si no fuera por el justo temor a que la voz exclamando se quebrara, de tan vieja y tan ajada ya —diría… (esto es un fragmento de lo que a juzgar por los papeles de Valentina se recuerda como un primer intento de intervención de Bernardina en su momento y en su día). Transgresiones Selección Bernardina
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2308054983286
Y no porque nos estuviese haciendo falta
08/05/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/trans/Undestornilynoporque.pdf y no porque nos estuviese haciendo falta para maldita la cosa sin tornillo ninguno que apretar ni aflojar sino por no cargar las tintas innecesariamente con un nuevo artilugio que a estas alturas y en “nuestro” deseo de no desperdiciar ocasión de renovarnos no sería ya la biela o la barra de carmín o el abrelatas con los que sin duda se habrá usted familiarizado ― gracias a la lectura de alguna de las versiones que en esta web se ofrecen tan sólo y nada más como modelo de eventual respuesta a una pregunta cualquiera ― tanto o más que con el destornillador y sí tal vez, aunque preferimos no nombrarlo ni pensarlo siquiera, algo tan de todo punto extravagante como el sentido de la vida… por mencionar algo. −Pero como plantear así, sin más ni más, por las buenas y en frío y sin preparación ni premeditación ni reflexión ― trató de recuperar el terreno, y quién sabe si no también el prestigio perdido por culpa de aquel su condenado vicio de anteponer el pensamiento a la palabra, Ciriaco ―, una cuestión tan abstrusa requeriría el tener muchas, pero que muchas ganas de abordar una empresa cuya envergadura iba nos temimos a sobrepasarnos, «vamos a no meternos en más complicaciones de las puramente imprescindibles y a dejar, si es que todavía estamos a tiempo , las cosas como estaban o, por lo menos, como habrían muy bien podido estar caso de no mediar como medió la circunstancia adversa de que, contra todo pronóstico y prestando oídos sordos a las sensatas observaciones de los que advertidos a base de experiencia llamaron la atención sobre el hecho de que las no pocas buenas cualidades que adornaban a Diorante iban a ser sin embargo insuficientes para que fuese “el guapo”, saliera elegido por mayoría en la votación». Doña Plácida meneó en este punto la cabeza y, mirando a Ceferina con los ojillos un poco entornados, dijo “te has librado de quedarte sin recreo” sólo por salirse con la suya de no rendirse a la evidencia de que, le gustara o no – y no le gustaba –, la exposición hecha por Silvia, una de las más encarnizadas detractoras de Ciriaco, estaba pese a adolecer de ciertos defectillos de forma y no pocas lagunas, bastante más y mejor trabajada. Transgresiones Selección Ceferina
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2308054983095
O cualquier otra cosa
08/05/2023
Valentina Luján
http://valentina-lujan.es/trans/Undestornillad.pdf o cualquier otra cosa, en realidad, puesto que se está tratando nada más de poner un ejemplo — sin mayor utilidad que el significar por qué caminos tan insospechados a veces podemos ir a parar a lugares o a recuerdos a los que, caso de que fuera necesario llegar, habríamos llegado por cualquier otro camino aun sin querer y, caso de no ser del todo imprescindible o incluso deseable el no llegar, habría sido sencillísimo el no enfrentarse con, tan sólo, haber elegido una barra de carmín o un espejito; que es lo que por culpa de doña Carmela, tan reacia de toda la vida a las innovaciones, se acostumbraba asegurar que solía elegir siempre Mariló — de cuántos y hasta qué punto diversos pueden ser los objetos que a lo largo del tiempo se almacenan con no poco espíritu de provisionalidad cuando (prueba evidente de que no se los toma en serio ni se piensa que jamás se los vaya a querer buscar) se los amontona sin el menor orden y sin una pizca de concierto al lado de otros de su género, sí (“objetos”, a saber), pero no de su especie (“variedad”, a saber) habida cuenta de que junto a una cajita de pastillas Juanola, que a lo mejor y para colmo está vacía, aparecerá una bobina gris, una receta de bartolillos, o una entrada del cine Capitol, o del Avenida, de cuando fuimos a ver con nuestra amiga Isidora aquella película de Henry Fonda, tan angustiosa en la que la cajera del banco lo confunde con un criminal… − Quiérese decir con ello que — levantando don Emeterio la vista del escrito y abandonando el tono, siempre un poco impostado, que adoptase en su papel de lector — son todos ellos cachivaches que sabemos de antemano que terminaremos olvidando, y que además no nos importa (ni el cúmulo de cachivaches ni olvidarlo) o de lo contrario los habríamos guardado a mejor recaudo y no en cualquiera de esas múltiples cajas que fueron de otras cosas y hay en todas las casas, así, sin prestar la menor atención a colocar letreritos identificativos. Transgresiones Selección don Emeterio
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2307204868824
Los rumores del bosque
07/20/2023
Elena Ángeles Sauras Matheu
Un excursionista encuentra en una cueva tres esqueletos. Lo acontecido allí hace bastantes años se convierte en leyenda.
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2307104798788
Y se quebraban los brillos
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/Y/ylacanalla.pdf Y la canalla gritaba, y sus voces se rompían, y se quebraban los brillos que en las antorchas lucían con sus llamas de colores rojas, amarillas, densas, ensombreciendo el asombro que ― en los ojos de la inquieta multitud abigarrada que permaneciendo quieta sentía latir en sus almas, en sus pulsos y en sus venas, las pasiones desatadas de furias y otras miserias que arrasaban a su paso con todo lo que de buena pudo tener algún día una Humanidad que espera que alguna vez todo acabe, y se terminen sus penas, y aparezca allá a lo lejos, en lo alto de aquellas peñas, el nuevo Sol que dé vida, calor y que permanezca en las almas de las gentes iluminando caminos de cordura y de presteza que se apresure apacible, bondadosa y bien serena, a poner en orden todo cuanto por venir aún queda y bálsamo en las heridas de los que dolientes gimen y se duelen y se dicen que qué fue lo que los hizo permanecer tantos años en brazos de las Erinias y perdidos en la negra sinrazón que sin razones o con ellas muy perversas los mantuvo, sin sentido, enardecidos y locos, prisioneros de la guerra ― cegador y perverso arrojaba sus destellos sobre presagios adversos. Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798672
Y para qué me pensaste
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/Y/yparaqueme.pdf ¿Y para qué me pensaste, sabiendo que no existía? Porque pensé que pensándote al existir me traerías; de la mano, que en mis sueños, soñé que se me tendía. 20 de marzo de 2018 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798511
Una piscina pequeña y un cenicero grande
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/U/unapiscinapeque.pdf Una piscina pequeña y un cenicero grande Se estudia y se investiga mucho pero siempre en torno a la materia, a todo cuanto goza de una estructura apreciable desde cualquiera de los cinco sentidos. Antes de conceder a algo el derecho de estar existiendo le exigimos que tenga una forma o un color, para que podamos verlo; o un sonido que nos permita escucharlo, o un olor, o un sabor, o una textura. Las personas, los animales, las plantas, las piedras, las cosas, todos tienen (al menos) forma y color y un tamaño al que adjudicamos la cualidad de grande o pequeño en función de qué parámetros… Estoy fumando y alargo la mano hasta el cenicero, que es, mi cenicero concretamente, lo que se puede llamar un cenicero grande porque debe de medir, así, a ojo, unos quince centímetros de diámetro (es un cenicero redondo) y tener como cuatro o cinco de altura. Así que supongo que es un cenicero bastante grande, pero no estoy segura del todo de que si su diámetro estuviera siendo de tres metros y su altura de (pongamos) setenta centímetros no se me pasasen siquiera por las mientes la idea de cenicero y me sintiese bastante más inclinada a pensar que es una piscina. Una piscina pequeña, desde luego, para la apreciación de un adulto, al que no estaría cubriendo (llena de agua, claro, que qué otra finalidad lógica puede adornar a una piscina mas que la de contener agua) ni hasta la ingle aun en el caso de ser una persona bajita, ni permitiéndole dar más de un par de brazadas. Aunque una piscina muy grande para la apreciación de un niño, y no sólo para la apreciación sino para el hecho constatable (aunque el niño a lo mejor no lo sabe) de que si no sabe nadar puede ahogarse. Como soy persona adulta y de mediana estatura me decanto por suponer que ese objeto sobre el que deposito la ceniza de mi cigarrillo es un cenicero y que el haber imaginado por un momento que podía tratarse de una piscina ha sido nada más una broma que me ha gastado mi imaginación. Además, una piscina nunca podría estar sobre una mesa, de despacho, concretamente, que mide alrededor de metro y medio de largo por sesenta centímetros de fondo… A menos, claro, que la mesa fuese muy grande y la piscina muy pequeña, pero las mesas de despacho aunque no tienen una medida estándar siempre guardan las proporciones que puede abarcar el que va a utilizarlas. Pero, aun en el supuesto de que el que la fuera a utilizar fuese un gigante, y la mesa fuera por tanto enorme… ¿tendría sentido el que se contemplase el dotarla de unas dimensiones tales que se pudiera colocar sobre ella una piscina? Deduzco, por tanto, que ese objeto redondo que hay sobre la mesa de mi despacho es muy posiblemente un cenicero, aunque también podría servir para depositar en él monedas, por ejemplo, o cualquier otro tipo de cirindulillos o adminículos de esos que las personas vamos dejando caer por aquí y por allá a nuestro paso por nuestro cada día; pero, vamos, que en líneas generales y si alguien me preguntara “qué es eso” respondería con bastante desparpajo que es un cenicero. Una piscina pequeña y un cenicero grande Deduzco, por tanto, que todo cuanto ocupa un lugar en el Universo y está fabricado por el ser humano tiene las medidas convenientes al criterio y a las necesidades del ser humano y atendiendo a qué utilidad se le va a dar al objeto en cuestión. ¿Pero, qué pasa con todo cuanto hay en el Universo que no está fabricado por el ser humano ni atendiendo a sus criterios ni a sus necesidades? ¿Está el ser humano capacitado para comprender, enjuiciar siquiera, lo que ni está hecho a su medida ni guarda proporción con él? Es por lo que digo que se estudia y se investiga mucho pero siempre en torno a la materia que, si no estoy confundida del todo, se compone siempre de una combinación de elementos, y cada elemento se compone de átomos, y el átomo es la parte más pequeña que puede existir de materia; y los átomos al combinarse entre sí forman las moléculas, y las moléculas juntándose y combinándose dan lugar a las células. Y de células es de lo que está compuesta la parte corpórea de todos los seres vivos, sean de la especie que sean. Pero me entero también (que lo miro en internet) de que suponiendo que el núcleo del átomo fuese del tamaño de una cabeza de alfiler el átomo completo estaría siendo del tamaño de toda España y, entre el núcleo y la corteza, estaría habiendo un espacio enorme y vacío en el que se estarían moviendo los electrones de forma parecida a como se mueven los planetas en un sistema planetario. Es decir, que, entre unas cosas y otras, la materia (tanto la viva como la inanimada) está prácticamente hueca... Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798498
Sobre saltos y otras quiebras
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/S/sobresaltos.pdf Mitad de un resto de olvido y un trozo de ayer borrado del álbum de algún contexto en que se movió sin ruido el lento raudal escaso de pequeñas armonías entre el venir de los tiempos y el marcharse, ya sin prisa, de un mañana que no espera remontar en su esforzada, fracasada turbulencia, de vientos que no es que soplen sino que arrasan y queman los rastros en que anidaron animados de impaciencia despertares sobre el salto, al vacio de la conciencia, descarnada y ya sin cuerpo para seguir en la brega que no lleva a ningún sitio ni hallará mayor grandeza que la pequeña esperanza que en algún lugar le queda a los quebrantos sufridos de nunca más soltar riendas que liberen, al galope, tendido en la sangre quieta que ya no corre alterada, presurosa por las venas buscando el latido errático que se demoró en la hueca vana sumisión a extraños, imposibles argumentos, que terminaron vencidos ruinas de su propio peso. 20 de mayo de 2011 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798467
Sentencias
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/S/sentencia.pdf Sentencias de pies torpes que se arrastran sobre el verdor de caminos visitados, hace mucho… frío, sensación de pérdida o de miedo o de estar recordando una mixtura, amalgama, confusión, vorágine de qué no fuera más que un sueño; sin cuerpo, sin nombre y sin constancia y, sólo, formado de algún eco de palabras confundidas, a veces, y, las más, irremisiblemente erradas, alteradas, indefensas, condenadas a otro lugar u otro momento en los que ya no reside nada vivo que pueda en su no ser hallar paz ni el registro en que vibró — por un tiempo tan corto — el restallar del látigo que hostiga hasta su hoy alma irredenta que al fin de sus vaivenes sienta el peso de sus pasiones, premuras y desvelos, bajo la espesa opaca luz que iluminó la sombra desprovista de qué el mundo reconoció como deseo. 10 de mayo de 2011 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798238
Puntos
07/10/2023
Alicia/Afrodita
http://valentina-lujan.es/P/puntos.pdf Hay gentes dinámicas, vitales, activas, de temperamento práctico que defienden que hay que saber aprovechar el tiempo, y que no se debe dejar para mañana lo que pueda hacerse hoy. Otras, gentes también, de temperamento tal vez no menos versado pero sí en otras lides o menos laboriosas abogan por la conveniencia de pararse, encender un cigarrillo y reflexionar serenamente antes de aprestarse a la acción; las hay también, sin dejar por ello de ser gentes ― e, incluso, duchas o avezadas en conocimientos relativos a materias de lo más extraordinario o variopinto o, una vez puestos a enumerar, peregrino ― aunque muy raras, que preconizan la excelencia de ponderar, buscar el punto de equilibrio en que converjan actitudes frente a la vida tan enfrentadas, o el de ebullición de tal o de cual líquido, o el de partida de un determinado planteamiento, o el de mira de un rifle, o el de fuga en una perspectiva, o el crítico que en una sustancia determinan su punto de temperatura y de presión a su vez críticos, o el de caramelo en un almíbar o el de inflexión que va a cambiar en una curva el sentido de su curvatura, dependiendo, en cualquiera de los casos, de que las mencionadas personas se dediquen ya sea por obligación como si lo fuera por devoción a la filosofía, o a la química, o a la metafísica, o a la industria armamentística, o a la arquitectura o a la alquimia o algo que pueda parecérsele o, utilizando como final el de caramelo de entre los citados puntos, a la repostería. ¿Están las unas y las otras y las terceras tomando en consideración todas las particularidades que convendría tener en cuenta antes de adscribirse a cualquiera de las posturas contempladas? Las primeras ― que por su aplicación han merecido la dignidad de ir en cabeza ― responderán de inmediato, sin perder un minuto en reflexionar caso de que sean fieles a sí mismas, que sí o que no. Las segundas ― que por su propia naturaleza eludirán el acudir a capitanear la terna sin habérselo pensado no ya dos sino tres o cuatro o equis veces ― tardarán en pronunciarse a menos que, traicionándose vilmente arremetiendo contra sus propios postulados, reflexionen a gran velocidad. Las terceras ― tan ocupadas como deben de estar, enfrascadas en la localización de puntos tan desperdigados por tan extensa profusión de disciplinas ― llegaran, en buena lógica, sin prisa ni pausa y sin acaloros porque ya total para qué se van a sofocar a menos que, en su minuciosa y pormenorizada búsqueda de puntos, hayan ido a dar ― aunque es poco probable porque se rumorea aun entre los experimentados que es algo así como encontrar una aguja en un pajar ― con el de Gräfenberg, en cuyo caso… Pero no es este un punto del que no nos vayamos a ocupar en las presentes líneas más que muy de pasada y de la forma tan escueta en que más arriba se lo menciona y tan sólo al objeto de que el lector, cuéntese entre qué importa cuál de los pensables o impensables grupos de posibles gentes, no se sienta frustrado, aquejado por la desazón de haber perdido el tiempo para, al final, nada… Algo que ― muy representativo, por otra parte, de qué sucede en torno al mencionado punto y toda la parafernalia que conlleva en la vida denominada tan a la ligera real ― estará confiriendo a este modesto escrito el de fuga o encuentro en que las gentes, sin distinción de raza ni de color ni de instrucción o de extracción, convergerán. 27 de septiembre de 2010 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798214
Palmaditas y laureles
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/P/palmaditasylau.pdf Palmaditas y laureles y festejos y jaranas y las pupilas que miran, con asombro, dilatadas, cómo se va diluyendo, de a pocos difuminando, la figura que fue sólo retorica que retando al tiempo y las decepciones y a las mentiras y engaños no resistió la embestida de verdades porfiando si lo cierto era lo visto, lo creído y lo escuchado, o lo veraz era el mudo, tan mezquino y tan taimado, silencio que sobrevino a la torpe farsa absurda que desveló una jugada en que los naipes marcados dieron al final la cara con su sonrisa de hielo más traidora y bien forzada forjada a fuerza de esfuerzos por no perder la partida, la apariencia ni las ganas de seguir siendo el emblema, el símbolo, la semblanza, de un dios que de tan soberbio no reparó en que dañaba qué hubo de puro algún día en quien por él se engañaba. 30/10/2012 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104798122
las de Bernoulli y de Nernst
07/10/2023
Alicia/Afrodita
http://valentina-lujan.es/L/lasdebernouilli.pdf que, inocentes y en absoluto pecaminosas ni mal intencionadas, se mostraban tan sencillas y sin pararse a echar cuentas de que no siempre iban a ser comprendidas ni de que no faltarían criticones ni criticonas chismosos y chismosas que con sus lenguas viperinas pregonasen a los cuatro vientos que él, el mencionado Pi, era preferentemente a estas — y por algo sería, insinuaban entre risitas maliciosas — a las que se arrimaba en tanto que las otras, las de los grados primero y segundo, apenas si le veían el pelo y se las tenían que apañar ellas solas a su aire y su entender sin otros recursos que sus más y sus menos con los que “a fin de cuentas — se pavoneaban, algo dolidas en su orgullo pero altivas sabedoras, como lo eran, de lo muy necesarias que resultaban para encontrar igualdades y diferencias que a puro ojo podrían por qué no apreciarse grosso modo si eran muy evidentes, pero con su colaboración aparecían precisas y en detalle — tenemos nosotras bastante y de sobra, y no necesitamos a ningún euclidiano (irracional encima, que hay que ser memo) para solucionar nuestros problemas”. Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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2307104797743
Lógico
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/H/habiaunhom.pdf Había un hombre atado a una estaca que no tenía ojos y en sus zapatos estaba escrito el código civil, en otro idioma, de un país desconocido interpretado alegremente al violín por otro hombre no atado, ni por causas ajenas a la voluntad última de su bella y por ende enormemente voluble esposa fallecida en circunstancias extrañas años atrás ni, en este caso en concreto — habitual por cierto hasta la fecha y el extremo de no requerir, aparte de las investigaciones rutinarias que se llevan a efecto siempre que existen sospechas fundadas de que una simple inspección ocular no va a esclarecer del todo los porqués a veces tan complejos de cualquier acto humano en apariencia inicuo y digno del más severo de los castigos consignados en nuestro propio código redactado por nuestros propios legisladores y en lengua vernácula, escenografía ni decorado ni más acompañamiento que el séquito constituido de mala gana y a empujones por una pequeña banda de aserradores bien dispuestos y muy mal encarados compuesta ya desde bien temprano y en semicírculo alrededor de un atardecer ventoso que amenazaba tormenta por el lechero con sus correspondientes vacas, el encargado de la oficina de patentes y marcas con sus manguitos y sus anteojos, el comprador compulsivo que por azares del destino o con las prisas hubiese adquirido inopinadamente el compromiso estúpido de servir el desayuno a los rezagados y rezongones que se quejarían indefectiblemente de que estaba frío o falto de azúcar, y, cerrando filas, una señorita que encantadora ella de serpientes pese a no tener apenas práctica en semejantes lides no perdía los nervios ni cesaba de sonreír asegurando que no había nada que temer ya que no eran venenosas —, a nada ni a nadie que, a su vez y con intermitencias harto irregulares unas veces e imprecisas otras que oscilaban entre la más deliciosa de las espontaneidades y el más tedioso y monocorde de los rigores científicos, hubiera debido en circunstancias menos dramáticas imaginar jamás nada tan ridículo como el verse — escorado, tirando a borroso y medio de refilón — involucrado en la necesidad de literalmente desgañitarse pretendiendo no rodilla en tierra y ramo de flores en ristre a la señorita de las serpientes, que aun con el atenuante de sus innegables encantos no era su estilo ni entraba ni podría nunca entrar en sus planes por una simple cuestión de espacio vital, en primer término, ni, por otra bastante más compuesta de unas prioridades que no albergaba intención alguna de airear en segundo ni en tercero ni en ninguno de quién podría saber qué otros innumerables por escasez de aforo posibles términos, al ectoplasma por bello que pudiera ser de una difunta a la que no tenía el placer de haber conocido sino, apenas y tan sólo, implicado y nada más en concepto de cómplice o mero encubridor en la obligación ineludible de meter en las cabezas de sus convecinos conceptos tan abstrusos como que si tan cierto era que como que por causa de que un triángulo fuese rectángulo el cuadrado de su hipotenusa tendría indefectiblemente que ser igual a la suma de los cuadrados de los catetos del citado rectángulo podría serlo el rumor, mal que les pesase a los presentes bajo los efectos perniciosos hasta la saciedad de lo muy endeble del argumento esgrimido por el del violín aduciendo que todo había sido una patraña por desacreditarlo y siempre — igual que en el supuesto anterior, ya que las premisas y sus equivalencias había que mantenerlas por muy escurridizas o renuentes a ser sostenidas que pudiesen parecer en aquella primera e informal toma de contacto — a la sombra de que la verificación de los resultados soportase sin pestañear ni dar muestras de fastidio la prueba del nueve, de unas olas que en nuestras latitudes y por causa de que éramos todos gentes de tierra adentro eran desconocidas pero que, por qué no, estarían a buen seguro y en algún lugar por lejano o inimaginable que pudiera resultar para nuestras mentes, batiendo palmas de contento si las cosas salían bien o, a sí mismas, en retirada con desorden y enorme estrépito si volvían a salir mal y fracasaban de nuevo en el empeño de derribar aquel odioso acantilado tan terco; pero se veía, en el espejo del fondo de la sala, reflejado fielmente y hasta el más mínimo detalle frente a la maldición que lo exponía, de forma reiterada y sin saber por qué siempre que creyéndose libre de cualquier clase de ataduras acudía a visitarnos y aceptaba el papel en apariencia inocuo de un alguien no atado a nada ni a nadie, a la mirada torva de unas gentes que, aun sin motivos bien traídos y mejor argumentados — como puede verse en la exposición detallada más arriba de los hechos — desconfiaban sistemáticamente de él atribuyéndole culpas, inexactitudes y desórdenes que, en una opinión de la que empezaba a dudar que fuese suya, en absoluto le correspondían... 8 de junio de 2012 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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Dónde vas
07/10/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/D/dondevasconesos.pdf ¿Dónde vas con esos aires de viejos vientos barridos por nuevos tiempos ganados en borrar qué fue perjuicio de lo que hubiera podido ser desde entonces tenido por lo que ha ser si cunde la cordura en tu camino? A eso voy, a ya encontrarte donde te hubiera perdido. * Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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Habladurías
07/09/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/D/dicenquesi.pdf Dicen que si fue de mármol dicen que si fue de arcilla, que si fue de hielo o hierro o sólo el errar contrito de un arrebato de incierta somnolencia que se olvida cuando al apuntar el alba anunciando el nuevo día se rasga la sombra oblonga, alargada e imprecisa, que se cierne sobre imberbe bisoño acaso prendido de la melena o los labios que se agita o que sonríen regocijados de cómo en su ir y venir furtivo los aspavientos avientan desparpajos y festivos quebraderos en cabezas que no escarmentarán nunca ajenas ni en propia hacienda ni se dejarán perdidos entre las hojas rojizas los diezmos que pertenecen ni las primicias que oprimen concitando la indulgencia con que perdonará vidas todo vendaval que arrastre entre sus restos las tibias asechanzas de incipientes insurgencias descaradas que sin rostro se dibujen en los pliegues de las capas de barnices que se quiebran, resquebrajan y deslucen, a la intemperie implacable que no entiende de melindres que se amodorran hostiles ignorantes de qué exige ser de este mundo o del otro reflejo de lustre insigne. Dicen que si fue un mal paso o fue sólo comidilla de las lenguas que murmuran, de las voces que prodigan con largueza y sin cuidado qué las mentes imaginan o si fue incluso una historia que forjaron las inquinas a la sombra de las luces que arrojaron claroscuros al amparo de la incuria desganada a que se arrima el no tener más amarras ni asideros ni más guía que el camino que no encuentran las ilusiones perdidas entre recuerdos que fueron nada más que el espejismo de un jamás que no sería. 20 de agosto de 2016 Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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Dicen los que conservaron
07/09/2023
Alicia/Afrodita
https://valentina-lujan.es/D/dicenlosqueconser.pdf Dicen los que conservaron memoria para narrarlo que fueron tiempos de azules estelas sobre los campos de siembras de malas artes y no mejores acasos encendidos en las sienes de plata de las angostas inteligencias mermadas que acuñaron en sus torvas concepciones lujuriosas de míseras turbas sordas a qué clamaban a los sabios, a qué rogaban las prontas oraciones de los pocos que conservaron la calma que tiñó de verde o rosa o de azul o de amarillo las malhadadas escorias de regias funestas pompas preceptos de pleitesía de sumisión y deshonra a los pies de los caballos de las hordas de la historia. * Etiqueta: Entelequios Categoría: Prosa
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