Valencia, año 2018.
Karen (34) una buena chica, boliviana, cuida de Julia (83), una anciana obsesionada con
volver al País Vasco, donde nació. Aunque la convivencia es amable, ninguna vive la
vida que quisiera. Karen dejó dos hijos en su país y Julia tuvo que marcharse de su
tierra en dos ocasiones; una por la Guerra Civil y otra huyendo de su marido; ahora
Julia quiere volver para recuperar un tesoro que su padre dejó enterrado para ella,
ochenta años atrás.
Marta (53), su hija, quiere meter a Julia en una residencia, pero esta convence a Karen,
sin que Marta se entere, para que le acompañe al País Vasco. La cuidadora termina
aceptando, y así comienza la aventura.
En Madrid, Karen se topa con Renato y Marcelo, sus antiguos vecinos en Bolivia, que
le ayudan, llevándolas hasta el caserío, en un destartalado Renault 12, cuando Marta
denuncia en televisión el secuestro de su madre, a manos de Karen.
Una vez allí, Karen descubre que la realidad dista mucho de las fantasías que cuenta
Julia. Sólo uno de los muros del caserío permanece en pie. Julia quiere buscar el tesoro
en el monte pero Karen, que ya no cree nada, se niega.
Un amanecer lluvioso. Karen busca a Julia, que ha desaparecido. Julia rastrea el monte,
desesperada, hasta que una misteriosa niña, fiel reflejo de sí misma en su infancia, le indica el lugar del tesoro.
Karen y Marta, recién llegada, encuentran a Julia bajando el baúl del tesoro como puede. Dentro, sólo hay tierra.
Marta, que tiene una intuición, frota una cantonera y la enseña a todos. Es de oro. Ahora repite con otras. Todas lo son. El tesoro es el propio baúl. Un año después Julia ya no está. El cuadro del caserío, cuelga de una pared, en Bolivia.
Allí vive Karen con sus hijos, Marcelo y la bebé que llegará pronto y se llamará Julia.
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