Kai tomó sus manos y las ato, acarició la nívea piel de sus piernas y se sintió complacido y satisfecho con la imagen. La chica tenía los ojos vendados, respiraba cortada deseando que él no perdiera más el tiempo y la tomara. Se preguntó ¿cómo podía amarlo tanto? Él la tenía bajo su poder, encerrada, presa y cautiva. Follando su cuerpo cuantas veces quisiera, era su esposa, aunque no lo recordaba, a penas tenía veinte años. No sabía por qué había tomado la decisión de casarse, debió amarlo mucho, pensaba. A veces se sentía como la esclava, la esclava del millonario.
Año 2019
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Emidia de Maria Soto Osorio.
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Los Cimientos San José la Arada, Chiquimula Guatemala.
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