Respondo a cada mordisco como la sandía madura del verano, agua entre los dientes, semillas queriendo germinar en la garganta. La pulpa tiembla: entre los dedos, abrazada al cuchillo que despieza, en la zanja que la aleja del blanco de la piel que sí resiste. Será otro el día de los árboles frutales, hoy el suelo está cubierto de matas demasiado pesadas para trepar tantas paredes. Mis mejillas rojas. Mis ojos líquidos. Como la sandía. En tres suspiros.
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