Los rayos del sol se ceban en tu piel como agujas huecas para succionar tu sudor, ese que me excita, que reconozco entre miles y cuando por circunstancias que no puedes controlar rozas a una fémina, llegas a mí con la mezcla de un olor que aborrezco y me revuelve. Un fuego me carcome con lentitud, de afuera hacia adentro... pero se contiene entre mis pulmones y aspiro con fuerza, y me calmo, y siento tus dedos frotando mi cuello, bajando por mi espalda como un baile de besos sutiles que a
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