Y Manuel Carrasco volvió a su Isla querida,
aquí, donde sus raíces saben a sal,
Isla Cristina, razón de su vida,
su rincón marinero, su refugio y su hogar.
Por las fiestas de su Virgen bendita,
en agosto, la Virgen del Mar,
un requiebro a su pueblo, a su barrio y familia,
un abrazo a sus orígenes, que no quiere olvidar.
Con un espectáculo lleno de gloria
inundó de alegría la ciudad entera,
su voz es un faro, la luz y memoria,
música viva, arte y fiesta
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