Dibujo propio
El despertador, como cada día, suena con su estridente repiqueteo antes de que amanezca. Alicia se retuerce desnuda en la cama vacía de piel y sentimientos. Acaricia el lado que aún no se atreve a ocupar, aquel que le pertenecía a él, y frota la nariz contra las sábanas anhelando encontrar los restos de su presencia. El corazón, todavía herido, parece pulverizarse en cada latido y un dolor sordo le atraviesa las entrañas. La boca extraña el sabor de la piel, de los labios, la dulz
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