La combinación de alcohol, pena, rabia, el orgullo magullado y mi vecino, nunca augura nada positivo. Debí de entender eso aquel día; las cosas siempre se pueden poner peor. Pero honestamente por como venían, supuse que Dios se apiadaría de mí tarde o temprano. Me equivoqué...
Y ésta es la historia de cómo una inocente lista, escrita en estado de ebriedad, me llevó a conocer la "perfección" de los hombres en el mercado amoroso. ¿Obtuve algo de ello? Sí, una buena dosis de humillación. Pero no desesperen quizás ustedes obtengan de mis vivencias algo que yo no; la sabiduría suficiente para ¡Nunca en su vida desear al hombre perfecto! ¡¡NUNCA!!
O al menos no hacer una maldita lista de ello…
All rights reserved