El día que se hizo la luz es un relato autobiográfico ambientado en un pequeño pueblo rural donde la electricidad aún no había llegado. A través de la mirada de un niño, la historia reconstruye la espera, los rumores, los miedos heredados y la fascinación colectiva ante una promesa de progreso que avanza lentamente, poste a poste, hueco a hueco.
El cuento no gira en torno a la luz como avance técnico, sino como detonante íntimo: una experiencia mínima —un accidente eléctrico casi insignificante— desata una noche de miedo silencioso, de pensamientos ingenuos y de espera absoluta. En esa noche, el narrador infantil cree haber sido sentenciado a morir, no por lo ocurrido, sino por todo lo que había escuchado.
Con un lenguaje sencillo, cercano y profundamente visual, el texto explora la inocencia, la transmisión oral del temor, la autoridad de las palabras dichas al calor del fogón y el desconcierto que produce despertar vivo después de haber pasado la noche esperando la muerte.
Es un relato sobre crecer sin entender del todo, sobre aprender antes de saber, y sobre cómo algunos miedos no nacen de los hechos, sino de las historias que los rodean.
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