Tengo 52 años y aunque mi vida, como la de muchos enfermos crónicos, no haya sido, ni es, un camino de rosas, estoy contenta con ella y agradezco vivirla. Valoro los pequeños detalles y procuro seguir el ritmo de vida que va marcando mi estado físico y mental en esos momentos: si estoy plena de energía, lleno el día con muchas actividades. Si, por el contrario, el día lo tengo más bien "flojo", me tomo las cosas con más calma.
En esta etapa de mi vida, mi riñón comienza a sentirse "cansado", es
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