ME CAES MAL
Una vez más, los maullidos del gato no la dejaban dormir. Inés no sabía qué le ocurría; tenía agua, comida, tierra limpia y cualquier rincón de la casa como lugar de descanso. «Cojamos un gato, cielo», le dijo su marido. «Así te hará compañía cuando yo esté de viaje». Y al final dijo que sí. Y cómo lo lamentaba. Había roto el sofá y su chaqueta de cuero, y maullaba cada noche hasta las doce o la una de la madrugada.
Sin embargo, ya eran las dos y continuaba. Inés se levantó, intent
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