Se trata de un arbusto leñoso que necesita mucho calor para sobrevivir, por lo que se suele encontrar en zonas volcánicas. Tiene gruesas raíces con las que absorbe los minerales del subsuelo y, gracias a las altas temperaturas, los transforma en espinas y hojas dentadas de un metal rojizo, tan afiladas que son capaces de cortar el cuero con sólo rozarlo.
Tiene pequeñas flores rojas que nacen cada varias decanas, siempre que el calor sea suficiente. Todas las volcaniras de una misma zona maduran
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