©Emilio Ramón-Suikawari
Después de correr y hacer un rato de ejercicios me zambullo en el agua del mar. Hoy está limpia, apenas gente. Los veraneantes empiezan a marchar. Estoy solo en el agua. Con los brazos en cruz, mirando al cielo y hablándole orgulloso y agradecido de todo lo que merezco y quiero para mi vida. De pronto dos gaviotas nadan a menos de dos metros de mí, una a mi izquierda y otra a mi derecha. ¡Qué desfachatez!, diría alguno. ¡¡¡No respetan la distancia de seguridad ni en el
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