Hace un par de días, como todas las mañanas, hacía mis mandados a pie. Antiguamente, cuando aunque nada, igual que ahora, iba bien, hacía los recados en coche, había un montón de razones para ello: podía conducir porque no tenía lesiones legendarias que me lo impidiesen, resultado de la merma de servicios sanitarios tras las políticas de recortes; podía también utilizar el coche porque llenar mi depósito costaba justo la mitad que vale ahora; podía asimismo aparcar en cualquier lado porque las z
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