LA LUZ ENTRE CENIZAS
Y si pienso en mi pasado
me devora la tristeza,
y prefiero no pensar.
Tengo absoluta pereza...
de hurgar en mis recuerdos,
de hurgar en mis heridas.
Prefiero no recordar
cómo me trató la vida.
He llegado a este punto
donde prefiero olvidar.
Sólo así he conseguido
vivir de una vez en paz.
En paz conmigo mismo.
En paz con mi presente.
Rodeado de los míos.
Rodeado de mi gente.
Mi gente son sólo dos,
mi hijo y mi mujer.
Los demás, ruido y ceniza...
que ya no quiero ni ver.
Si renuncio a mi pasado
renuncio a esa familia
que tan mal me ha tratado,
y a ese silencio que humilla.
Pero hay una excepción
que jamás podré obviar:
mi madre, que en silencio
me enseñó a no juzgar.
Y si cierro bien los ojos
la siento aquí a mi lado,
como un soplo que me guía
desde el cielo, paso a paso.
Fue la única que estuvo
cuando nadie me miraba,
la que tejía ternura
mientras el mundo juzgaba.
Su voz era un susurro
que calmaba mi tormenta,
y su abrazo, un refugio
que aún mi alma representa.
Nunca pidió recompensa,
ningún reconocimiento.
Sólo dio amor verdadero
como sagrado alimento.
Hoy la llevo en mi rutina,
en mi verso y en mi piel,
como estrella que ilumina
mi camino por doquier.
Y aunque el mundo me olvidase
su luz sigue en mi jornada.
Mi madre es ese farol
que por mí... nunca se apaga.
"A mi madre, que sigue siendo mi luz entre mis cenizas".
J. R. Félix de la Rosa
23 de septiembre de 2025
All rights reserved